La iglesia de San Martiño Pinario, en Compostela

(Actualizado 15/03/2018)

Fui de visita por primera vez a la iglesia de San Martiño Pinario (San Martín Pinario) hace algo más de un año. Tenía que redactar un pequeño trabajo y aproveché. Mi intención, en aquella primera oportunidad, era hacer la visita guiada pero, por entonces, sólo se hacían cuando se juntaba un grupo, y para la siguiente me dijeron que tenía que esperar una semana o dos, más o menos y yo no disponía de ese tiempo.

Así que leí unas notas en un libro (Guía de arte de Galicia, de Basilio Cegarra, editado por Galaxia) para no llegar en blanco y fui por mi cuenta. La entrada da acceso a la iglesia y a algunas dependencias contiguas que funcionan como museo. El monasterio no se puede visitar.

Tenía tiempo y recorrí la iglesia con calma. Y, con calma, me fascinó.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – fachada

Como notas iniciales, hay que decir que la iglesia forma parte del monasterio de San Martiño Pinario que, en conjunto, es el más grande de Galicia y el segundo de España (después del Escorial) en cuanto a metros cuadrados construidos. No están claros sus orígenes. Seguramente la primera comunidad que lo fundó era la que tenía como iglesia la pequeña capilla de la Corticela (hoy integrada dentro de la Catedral). Pero el gran desarrollo edilicio de la comunidad llegó en el siglo XV, cuando pasó a ser monasterio benedictino dependiente del de Valladolid.

Las órdenes religiosas comenzaron a adquirir gran poderío en esta época y hacían ostentación de ese poder en sus edificios. Compostela era ya un centro de peregrinación de máxima relevancia y todas las órdenes querían tener aquí su escaparate. La de San Benito no podía ser menos y por eso fue que llevaron a cabo esta obra. Ocuparían el monasterio hasta la desamortización de 1835. A partir de ese año el monasterio tuvo diversas funciones y, en 1868 fue dedicado a Seminario Mayor. Actualmente conserva ese uso y es, además, escuela de Teología y Trabajos Sociales de la Universidad de Santiago de Compostela y también hospedería.

Hablemos, entonces, de la iglesia. Se construyó entre 1590 y 1642, aunque la mayor parte de la obra ya estaba rematada en los primeros años del siglo XVII. Los planos iniciales, muy detallados, son del arquitecto portugués Mateus Lopes (en toda la documentación a la que pude acceder el nombre y el apellido aparecen castellanizados).

Empecemos por el interior, que fue como hice la visita: nada más entrar, queda bastante clara una planta de cruz latina con una sola nave en cada brazo con bóveda de cañón ornada con falsos casetones. El tramo de la bóveda que queda en la capilla mayor está decorado con pinturas de factura posterior.

El brazo principal, entre la entrada y el crucero, tiene tres capillas de cada lado. Inicialmente eran cuatro pero las primeras, las que quedan debajo del coro, se cegaron con la intención de que funcionasen como base de las torres de la fachada principal. La comunicación entre la nave central y las capillas es a través de arcos de medio punto y muros muy gruesos. Una vez atravesados esos arcos, hay una especie de corredor que comunica las diferentes capillas. En realidad, el libro de Cegarra dice que el brazo principal tiene tres naves porque considera naves estos corredores. Es otra forma de verlo.

La cúpula, situada en el crucero, es obra de uno de los arquitectos que mayor traza dejó en la obra, además de Lopes: Bartolomé Fernández Lechuga. Aunque el profesor Vigo Trasancos afirma que la cúpula ya estaba en el proyecto inicial de Lopes y que Fernández Lechuga sólo introdujo en la factura algunas modificaciones estilísticas. Lo que si es obra íntegra de Fernández Lechuga es el claustro procesional del monasterio que está en la parte del edificio que no estaba abierta a visitas. (Actualmente sí que se puede visitar este claustro siempre que se haga dentro de una visita guiada.)

Conozcamos, entonces, las capillas del brazo mayor. En orden, comenzando por la izquierda y por la entrada, están dedicadas a San Bernaldo, Santa Gertrudis y al Cristo de la Paciencia. Por la derecha, a Santa Catalina, Nuestra Señora del Socorro y Santa Escolástica.

Para ilustrar la visita, cada una de las capillas, así como cada rincón del museo, tiene un cartel con información buena, suficientemente detallada para alguien como yo, que tengo alguna idea de estas cosas pero no soy especialista en arte. La información está en gallego, castellano e inglés (en ese orden).

La capilla de San Bernaldo es obra de Fray Plácido Camiña. Las de Santa Gertrudis, el Cristo de la Paciencia y Santa Escolástica también, aunque realizadas con la colaboración de Xosé Ferreiro. A Frei Plácido Camiña me referiré más adiante. Xosé Ferreiro es uno de los mayores escultores gallegos del barroco, autor, entre otras obras, del frontispicio del Pazo de Raxoi en la vecina Praza do Obradoiro. En esta iglesia de San Martiño se encuentran dos de sus obras más destacadas: la imagen del Cristo de la Paciencia y, sobre todo, la de Santa Escolástica.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – retablo de Santa Escolástica – Xosé Ferreiro

La capilla de Santa Catalina es obra de José Gambino, maestro (y suegro) de Xosé Ferreiro.

Por último, la de Nuestra Señora del Socorro es de Fernando de Casas e Novoa a quien se le deben, también, los retablos de los cruceros y del altar mayor.

Nos detendremos en estos tres retablos. Los tres fueron trazados por Casas. Este artista es el mayor arquitecto del barroco gallego, autor de una de las obras más representativas del barroco universal: la fachada del Obradoiro de la Catedral compostelana. En esta iglesia de San Martiño Pinario diseñó, como ya dijimos, sus tres grandes retablos (entre otras cosas).

El del crucero izquierdo está dedicado a la llamada Virgen Inglesa. Consta de dos cuerpos. En el inferior, de tres calles separadas por columnas salomónicas, las esculturas pertenecen al taller de Romay, excepto la de la Virgen que llegó probablemente de Inglaterra con los católicos que huían al exilio en la época de Enrique VIII en el siglo XVI. La presencia de esta talla en el monasterio de San martiño Pinario se documenta por primera vez en 1607. El resto de figuras del retablo representan a los diferentes miembros de la familia de Jesús: San José con el niño, San Juan Bautista, San Joaquín y Santa Ana. Rematan las calles laterales las figuras de Santo Domingo de Guzmán y San Ignacio de Loyola, santos fundadores de Dominicos y Jesuitas.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – retablo de la Virgen Inglesa de Fernando de Casas e Novoa

El retablo del crucero derecho fue proyectado al mismo tiempo que el del crucero izquierdo y tiene la misma estructura. Está dedicado a San Benito. Fue trazado por Fernando de Casas en 1742 y consta de tres cuerpos: el inferior, de tres calles separadas por columnas salomónicas y el superior, de una sola calle con hornacina. Trabajó en él Francisco de Casas como entallador y la labor escultórica se debe también al taller de Miguel de Romay. La figura central es la de San Benito con sus atributos de autoridad y dignidad (el báculo y la mitra), el de su labor legislativa (la Regla) y el de su poder de realizar milagros (un cuervo con un pan en el pico). En la parte superior, un interesante altorrelieve muestra el éxtasis del santo. Las otras cuatro figuras de los laterales son San Plácido, San Mauro, San Anselmo y Santo Tomás de Aquino. San Agustín y San Francisco (santos fundadores de Agustinos y Jesuitas) rematan las calles laterales. La imagen de este último es infrecuente: lleva bastón de peregrino y una cesta de pescado en la mano, que representa el tributo que los franciscanos pagaban a los benedictinos por la cesión de los terrenos en los que se levantó la vecina iglesia y monasterio de San Francisco.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – Retablo de San Benito de Fernando de Casas e Novoa

Pero la mayor obra de Casas en esta iglesia es, sin duda, el retablo del altar mayor. Se trata de una de las cumbres del barroco gallego. Fue realizado entre 1730 y 1733 por el taller de Miguel de Romay. Las esculturas son del taller de Benito Silveira. Era en origen un retablo exento, al estilo del de la basílica de San Pedro en el Vaticano, pero fue unido posteriormente (alrededor de 1760) a las paredes laterales con una estructura de puertas, arcos e imágenes obra de José Gambino.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – Altar mayor de Fernando de Casas e Novoa

La situación de este retablo, en la embocadura de la capilla mayor, obligó a Casas a diseñarlo con dos caras: la que da a la nave central de la iglesia y al público y una segunda que es la que da a la sillería del coro. La iconografía de ambas caras del retablo son diferentes y complementarias. Del lado de la iglesia, un escudo de España y, en el centro, la Asunción y Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad. La acompañan las imágenes de San Pedro y San Pablo. En los laterales, Santiago y San Millán, apareciéndose en la batalla de Simancas. En el templete de la parte superior, la apoteosis de San Martín y una versión de la escena del mendigo y la capa de la que hablaré más adelante al referirme a la fachada.

En la otra cara, el escudo de la orden, San Bernardo, San Gregorio Magno, San José y el niño Jesús. Cito la guía de la iglesia: “Con esta obra compostelana Casas Novoa lleva la evolución del retablo barroco gallego hasta límites impensables. Por una parte trasciende la tradición de Domingo de Andrade, profundizando en la idea de la movilidad de la planta, del juego de volúmenes y huecos y desmaterializando la impresionante masa piramidal del remate, levantada sobre una compleja estructura arquitectónica compuesta por dinámicas columnas salomónicas, quebrados entablamientos y ornamentadas pilastras, gracias a las valoraciones de los juegos lumínicos que se producen en la cabecera y en el crucero de la iglesia.”

Detengámonos ahora en la sillería del coro. Es una obra muy relevante de ebanistería barroca, realizada por Mateo de Prado entre 1639 y 1647. Está inspirada en la sillería de la Catedral y compuesta de dos órdenes de asientos. Los relieves de la parte inferior narran escenas de la vida de la Virgen y los de la parte superior son imágenes de santos. El guardapolvo es una serie dedicada a la vida y milagros de San Benito.

Pasemos ahora a describir algunas de las dependencias anexas a la iglesia. Las que podemos visitar son cuatro: la statio, la theca, la sacristía y la imprenta.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – plano de estancias anexas

La statio, construida en el siglo XVII, alberga algunas piezas relevantes como unas puertas pintadas por Manuel Landeira Bolaño o varios ángeles, obra de Xosé Ferreiro.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – puertas de Manuel Landeira en el museo
San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – ángeles de Xosé Ferreiro en el museo

La sacristía es una interesante obra de Fray Gabriel de Casas y Fernando de Casas e Novoa realizada entre finales del XVII y principios del XVIII. De cruz griega con pilastras toscanas que soportan una cúpula ornada con casetones, contiene una relevante obra de Xosé Ferreiro: el monumento al Jueves Santo, compuesto por treinta y tres esculturas.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – sacristía

En la theca se exponen diversos elementos de antiguas fábricas de la iglesia: capiteles, columnillas, alguna escultura pétrea.

Por último, me detendré en la imprenta ya que alberga una exposición que me fascinó: piezas de grabado y obras realizadas por la llamada Imprenta del Seminario Conciliar: una imprenta establecida aquí a mediados del XIX por iniciativa del Cardenal Miguel Payá y que realizó una interesante obra de la que aquí podemos ver una muestra.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – imprenta
San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – imprenta

Antes de salir del templo y hablar de la fachada, es necesario indicar que, en las estancias superiores, se puede visitarse un museo que contiene diversas obras de arte, sobre todo pintura, una muestra de taxidermia y clasificaciones botánicas que son testigo de la actividad científica que se desarrolló en este y en otros monasterios. Pero lo que más interesa aquí es realizar una visita a la reconstrución del coro lígneo de la Catedral.

Este coro, obra relevante del manierismo español de Juan Davila y Gregorio Español, fue encargado a comienzos del XVII por el obispo San Clemente para sustituir el coro pétreo del Mestre Mateo (la reconstrucción de este coro pétreo puede visitarse en el Museo de la Catedral). El coro lígneo fue retirado de la Catedral a mediados del siglo XX y San Martiño Pinario fue su primer destino. Pero, por motivos que desconozco, en 1973 sufre un segundo traslado al monasterio de Sobrado dos Monxes. Allí, además de realizarse un montaje desordenado y gravoso para el estado general de la obra, permaneció en estado de casi abandono durante algunos años. Finalmente se emprendió un interesante trabajo de recuperación que permitió volver a localizarlo en su emplazamiento actual, restaurado y recuperando su organización primitiva. Está instalado en el coro alto de San Martiño y cuenta, además, con una exposición en la que se da abundante información sobre la obra, su historia y el proceso de restauración.

Voy a salir, finalmente, al exterior del templo y contar las últimas historias que fui sabiendo de él.

Como ya comenté, el arquitecto Mateus Lopes entregó a la congregación benedictina unos planos de gran detalle y es suya la responsabilidad de la construcción del templo durante los primeros años. Pero en 1601 (cuando ya llevaba trabajando aquí unos once años) se fue a Portugal, posiblemente por razones de salud, de donde nunca regresó, falleciendo en su país de origen en 1609. Pero dejó la obra en un estado avanzado de construcción.

Ya en su ausencia, en 1603, el abad encarga al maestro mayor de la Catedral una revisión de los planos. Ocupaba el cargo en la catedral el arquitecto y constructor Ginés Martínez quien propone algunos ajustes de proporciones que se ejecutan sólo en la parte de la fábrica que estaba sin rematar: el crucero y la capilla mayor. Se trata fundamentalmente de adecuar las proporciones de la obra al canon clásico imperante.

Como digo, non soy un especialista en arte ni en arquitectura pero, según conseguí entender de un par de artículos que leí al respecto (sobre el arquitecto de esta obra, del profesor Alfredo Vigo Trasancos), la pretensión de los monjes de contar con un monasterio imponente la tradujo Lopes en una suerte de exageración de las dimensiones que transgredía las proporciones que el barroco entendería como correctas. Estas desproporciones pueden apreciarse en la fábrica actual de la nave principal y los especialistas las descubren corregidas en el crucero y en la capilla mayor.

Si Lopes dejó la fachada rematada o no es también materia de discusión. Vigo Trasancos atribuye a Lopes la mayor parte de la fachada y a sus continuadores sólo algunos elementos decorativos. Otras teorías, citadas por el mismo autor, otorgan mayor importancia a la impronta de los sucesores.

El caso es que la fachada de la iglesia está organizada en tres calles y la central está ocupada por un retablo pétreo de estilo plateresco que recuerda mucho a la fachada de Santa María la Mayor, en Pontevedra, obra que Lopes debía conocer bien. El plateresco (también llamado proto-renacimiento) era ya algo arcaizante en la época de la construcción de San Martiño pero, en este caso, se encuentran ya algunos signos de incipiente manierismo italiano.

En el frontón podemos ver la icónica escena en la que San Martín da a un pobre la mitad de su capa. Tal como comenté anteriormente, esta escena se reproduce en el altar mayor de Casas e Novoa. Cuenta la leyenda que, siendo San Martín aún un militar, en las puertas de la ciudad de Amiens, un mendigo desharrapado le pidió limosna y él, que no tenía dinero que darle, partió su capa en dos y le dio la mitad (la otra la conservó porque no era suya sino que era propiedad del ejército romano). Termina la leyenda contando que, la noche siguiente, Cristo se le apareció al santo vestido sólo con media capa.

Las tres calles de la fachada están separadas por pilastras decoradas con “almohadillado”: esos relieves con forma de almohada, dispuestos como si se tratase de ladrillos a lo largo de las pilastras.

Uno de los elementos más llamativos, cuando nos acercamos a la iglesia de San Martiño Pinario son las escaleras de círculos concéntricos que permiten salvar el desnivel entre la calle y la puerta del templo.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – escaleras exteriores

No estaban en el diseño inicial de la iglesia, sino que los hizo Fray Plácido Camiña entre 1770 y 1773. La obra requirió que se rebajase el nivel de la plaza situada delante de la iglesia. La parte superior de la antigua puerta se reconvirtió en la claraboya semicircular que aún hoy se puede ver encima de la puerta actual.

San Martiño Pinario – Santiago de Compostela – puertas

Antes de la reforma, el desnivel entre la plaza y el interior del templo se salvaba con unas escaleras interiores, probablemente de madera, de las que sólo quedan referencias literarias:

“Partieron desde aquí a la magnífica anchurosa Iglesia del convento (de San Martiño Pinario), bajando por la admirable escalera, sobre la qual se registra aquella Tribuna de piedra, pendiente del ayre, y arrancada de la admiración…”.

El fragmento pertenece a la obra Theatro Moral y Político de la Noble Academia Compostelana (1731), citado por Alfredo Vigo Trasancos en uno de los dos artículos a los que me referí antes.

Otras dos obras de cierto impacto se realizarían también en la fachada, ambas de la autoría de José de la Peña de Toro: las ventanas que se abren en las calles laterales y las torres. Ambos proyectos fueron realizados a mediados del XVII, cuando la iglesia ya estaba inaugurada. Las torres empezaron a construírse pero, como en el proyecto original quedaban a mayor altura que las de la Catedral, el Cabido se impuso e impidió la finalización de las obras. Quedaron, pues, construidas, sólo hasta la altura del frontón de la fachada, dándole a la iglesia ese aspecto original que actualmente tiene.

La iglesia puede visitarse durante casi todo el año. No abre todos los días pero sí la mayor parte de ellos (el calendario varía según la época). Puede visitarse libremente o realizarse una visita guiada que permitirá adentrarse en algunas dependencias que de forma libre no se pueden visitar (como, según comenté, el claustro procesional).

Un edificio de gran relevancia en todo sentido, no tan conocido como debíera.

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